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Las 10 grandes mentiras (que no únicas) en esto de la HI-FI

Sospecho que la gente es hoy más crédula de lo que era hace años, cuando no disponía ni de los medios ni de la información que sí disponemos hoy, pero a la par que la técnica y el conocimiento en electroacústica ha evolucionado, un sector importante ha ido dando pasos de cangrejo en base a una nueva identidad entre ignorante y supersticiosa, incapaz de dar solidez a sus argumentos sin tener que recurrir a la fe o al precio de los aparatos dignos de culto. Llamémosles “oscurantistas”.

El oscurantista puede ser o bien un profesional dedicado a vender sus productos, los cuales deberán ser diferenciados de la competencia en base a unas florituras difícilmente objetivables o bien, peor aún, un mero aficionado que respalda una o varias imágenes de marca como fetiches que defienden a ultranza, como si de hijos se trataran. Luego, cada sector, inyecta su “conocimiento” a propios y extraños, generalmente a través de foros de audio.

Por suerte, la era oscurantista pierde peso con el paso del tiempo como buen cliente de endocrino. Vamos allá:

1. La mentira del cable

Como mero accesorio que es, no debiera ir en primer lugar de la lista, aunque si nos ponemos a pensar en el rendimiento pecuniario que sacan los vendedores, así como de la lírica y prosa que son capaces de exponer incluso sin sonrojarse, puede perfectamente encabezarla. El bulo en cuanto a los cables es muy claro: “si montas un cable (a cajas o modulación, por supuesto caro), el sonido resultante mejorará”. Y ni se inmutan, los tíos.

Esta trola farisea ha sido expuesta de mil maneras, a cual de ellas más surrealista. Como norma general, el ocultista reniega pasar por el aro de las pruebas objetivas, ya que por fuerza o necesidad, necesita creer en algo (fe) más allá de las pruebas, la ciencia y la praxis lógica, y ante esa disonancia, poco o nada se puede hacer por ellos.

La realidad es que la resistencia, inductancia y capacitancia, son los únicos parámetros del cable que afectan a su rendimiento y por debajo del rango de las radiofrecuencias son despreciables. Si hacemos referencia a los cables de altavoces, sólo la componente de la resistencia tendrá cierta importancia si hacemos uso de tiradas kilométricas de cobre común, lo cual dejaría de ser un problema obviando cables excesivamente finos (y aún así, las diferencias seguirían siendo residuales).

En interconexión modular, el típico cable rojo-negro de a euro/100 metros, no diferiría de un juego de cables de €3.000, sustentados en el mercado por la creencia de que son capaces de convertir un sistema de sonido determinado en otro de mayor calidad. Lo más importante que debemos saber de este mercado utópico es que la señal que pasa a través de un cable, ignora lo caro o barato que este sea.


2. Mentira sobre las válvulas

El esoterismo toca cotas insospechadas cuando un segmento nada desdeñable de los aficionados “de alta gama” justifica una tecnología ancestral de este calibre como la nueva panacea de la alta calidad. Para hacernos una idea de cuántos aficionados cuentan con estas reliquias tecnológicas en sus casas, sólo habremos de dar un garbeo por los foros de compra-venta para hacernos cargo de la dimensión.

La propaganda para vender la moto de las válvulas tiene que ver con el “sonido limpio, sedoso y cálido” y que, para terminar de rematarlo, el sonido obtenido es superior al de electrónicas transistorizadas. Ahí es nada. La realidad es que las válvulas van muy bien para transmisiones RF de alta potencia, pero no para un amplificador de este siglo. Entonces, ¿qué se supone que reporta una electrónica a válvulas al sonido? Me atrevo a decir que distorsión. Por norma general, un buen amplificador a transistores medirá, siempre, netamente mejor que uno a válvulas, por muy caro que este sea.

Intentando meternos en sintonía con el gusto particular de los aficionados por las válvulas, nos podemos encontrar, al menos, con dos puntualizaciones:

1) Es una ficción ilusoria de audiófilos sugestionados y/o engañados, o

2) Es una coloración deliberadamente introducida por el fabricante como un elemento diferenciador. En este caso, el diseño en estado sólido podría imitar con facilidad “ese sonido” de así desearlo el diseñador.

3. La mentira Anti-digital

O lo que es lo mismo, que el sonido analógico está por encima de las posibilidades de lo que ofrece la era digital. También es frecuente nombrar al sonido de los CD’s como “frío”, mientras que el de los vinilos como más “humano” y “cálido”. De ser así, cosa que comparto en su justa medida, tiene más que ver con el cuidado de los ingenieros a la hora de colocar los micrófonos y perpetrar la ecualización que al formato en sí. Y estoy de acuerdo en que hay posiblemente más grabaciones serias en vinilo que en CD, pero muy distinto es definir a este último como un soporte inferior en cuanto a posibilidades. Lo que podría denominarse como una grabación “brillante y sobre-ecualizada” obedece, repito, a la mano del profesional de turno, no a su naturaleza como formato.

4. La mentira de las pruebas de escucha

Para un análisis serio o comparación respetable de componentes de audio, se emplea un sistema de prueba llamado “Doble ciego” o “Prueba ABX”, prueba rechazada por los ocultistas invocando diversos y engañosos argumentos. Quien conozca el sistema de prueba podrá refutar fácilmente estos bulos; para quien no lo conozca, aquí va una breve reseña.

La metodología ABX requiere un dispositivo “A” y un dispositivo “B”, los cuales se ajustaran a un nivel x con una precisión de ± 0,1 dB, después de lo cual se puede escuchar “A” y “B” identificados como tales y por el tiempo que se desee.

Si en este momento se encontrara que el sonido es idéntico, se acabo la prueba y se supondrá que ambos componentes poseen un comportamiento similar (no hay diferencia).
Si se llega a que el comportamiento NO es similar (se considera que existe diferencia), se le pide que identifique X, que podrá ser “A” o “B” según un proceso aleatorio. Podrá realizar un A / X ó B / X comparaciones en cualquier momento, tantas veces como se desee, para decidir si X = A ó X = B.

Supongo que adivinaréis cuales serán los resultados de este análisis (50%, es decir, puro azar). Un mínimo de 12 ensayos será necesario para dar validez a la prueba (16 mejor, y aún mejor 20). El ocultista le dirá que los resultados utilizando el ABX son rematadamente nulos, es decir, si una etapa Mark Levinson es mejor que una NAD y el ABX no es capaz de mostrar esa diferencia, el problema –para ellos- es el método, no que ambos suenen igual. Esta es su lógica. Las objeciones más comunes tienen que ver con la presión “a la que se ven sometidos” en las pruebas, así como en la ingente cantidad de ensayos para dar crédito con cierto peso a la prueba, y no digamos ya cuando hacen mención a que hay demasiados dispositivos entremedio truncando la trayectoria de la señal (caso de relés, atenuadores,…). Y para terminar, no falta nunca la variedad de argumentos psicofísicos, psicoanalíticos, parapsicológicos y metafísicos sobre el tema de la percepción auditiva que son capaces de expeler en tiempo récord. En realidad, la prueba utilizando el ABX puede llevarla uno mismo sin afán de autoengañarse, pero claro… esto último es el caldo de cultivo del ocultista.


5. La mentira de la realimentación

La quinta trola de la saga tiene que ver con que la realimentación negativa en un amplificador es contraproducente. La realidad dice que la realimentación negativa es una de las herramientas más útiles a disposición del diseñador de circuitos, ya que reduce la distorsión y aumenta la estabilidad.

Sólo en los inicios del diseño de amplificadores en estado sólido (por allá los años 60), se aplicaron realimentaciones sin ton ni son por algunos profesionales logrando que los circuitos pudieran llegar a producir diversos tipos de problemas, mas a comienzos de los 80, tanto Edward Cherry como Robert Cordell, aclararon que una realimentación negativa es totalmente benigna siempre y cuando se rija en base a unas correctas pautas de diseño.

6. La mentira del rodaje.

Esta es una farsa interesante por adolecer totalmente de asidero técnico y encontrarse ampliamente difundida entre los aficionados ocultistas.

¿Crees de verdad que los componentes de audio, incluyendo en el lote a los cables, “suenan mejor” después de un período de rodaje de días, semanas o meses (sí, meses)? Vamos, ¡por favor!.

Los condensadores se calientan en cuestión de segundos después de aplicar tensión sobre ellos. El Bias se estabilizará, en el peor de los casos, en cuestión de minutos y ni siquiera ocurre así en todos los equipos. No hay absolutamente ninguna diferencia en el rendimiento de un amplificador (o pre-amplificador, o reproductor de CD’s) correctamente diseñado entre la primer hora y luego de 1.000 horas o meses de uso.

Los altavoces son unos dispositivos mecánicos que cuentan con partes móviles, y serían los que a la postre pudieran requerir de cierto rodaje que, a lo sumo, sería de unos pocos minutos, aunque ello no significa que un buen altavoz no suene bien nada más estrenarlo.

7. La mentira del bicableado (bi-wiring)

Incluso los audiófilos más sofisticados caen ante esta fórmula de prestidigitador. Cada vez más, los fabricantes de altavoces y cables (o cables y altavoces, que tanto montan los dos) participan en esta mentira cuando le dicen que esos dos pares de terminales en la parte posterior del altavoz están para ser bicableados o biamplificados (que no es lo mismo). Algunos de los nombres mas respetados dentro de los fabricantes de altavoces son culpables de esta gran falacia, claro que no debemos perder el prisma de que son vendedores y como tales habrán de vender ilusiones que en este hobby están a la orden del día. Aún así, la biamplificación tendría sentido en algunas instalaciones, mas el bicableado es sólo gastar por gastar el doble de cable donde debiera estar la mitad, ya que la lógica dice que si colocas un par de cables extra a los mismos terminales en donde están conectados los otros, eléctricamente… ¿qué va a cambiar? Evidentemente, nada de nada.

El vendedor que pueda demostrar lo contrario, sin duda será nominado para un premio científico de importancia. Asimismo, es justo señalar que el bicableado no afecta a la instalación en absoluto; simplemente no hace nada.


8. La mentira del cable de alimentación

Ya lo dice el fabricante Bryston en su manual de propietario: “Todos los equipos Bryston contienen un amplificador de alta corriente y circuitería dedicada a eliminar los componentes IRF (interferencias de radiofrecuencia) del suministro de energía. Los amplificadores de potencia Bryston no requieren acondicionadores de línea eléctrica especializados. Conecte el amplificador directamente en su propia toma de corriente.”

Lo que obvian decir es que todos los equipos bien diseñados (da igual que sean o no Bryston) pueden conectarse directamente a una toma de corriente. De comprarte un cable acondicionador, ¿por qué no comprarte un amplificador bien diseñado? Más de un ejemplo podrá enumerarse de amplificadores mucho más baratos que unos      meros cables de alimentación. Cualquier cable de alimentación de línea bien diseñado (bien diseñado no significa en absoluto caro), es capaz de cumplir correctamente con su función. En esencia, los cables Hi-End son un fraude.

¿Tu coche se preocupa por la tubería con la que usted llena el tanque de combustible?

9. Mentira del tratamiento para CD

Esta ficción nació en los días del vinilo, donde ya se trataban los surcos con diversos líquidos y aerosoles, con los que si cumplían la función de erradicar las basuras contenidas en dichos surcos, evidentemente se mejoraba la calidad de reproducción (no nos olvidemos que la aguja, a su paso, amplifica cuantas cosas haya en dicho surco), claro que ningún aerosol “mejoraba” la calidad de sonido. Hoy en día –y corto rápido para ceñirme al tema- se ha demostrado que la mejor limpieza posible en un vinilo radica en la aspiración de las partículas depositadas en los surcos, claro que en un CD la película no es así…

Al poco de salir los CD’s, el mercado tenía que sacar –cómo no- sus gadgets de limpieza milagrosos.  La superficie del CD es totalmente diferente de la del vinilo. Sus pequeñas “muescas” no corresponden a formas analógicas, sino que se limitan a llevar un código numérico compuesto de “0’s” y “1’s” y los “0’s” y “1’s” no se pueden reproducir mejor o peor.

10. La Mentira del “Golden Ear” (oído de oro)

Este ser tan divertido hace referencia a la persona que cree poseer un talento especial cuando escucha. El “golden ear” espeta sin pudor que es capaz de encontrar unas diferencias en la reproducción musical que un oído desentrenado no podría, algo así como podría suceder en una cata de vino entre “expertos” y “novatos” (lo de las comillas va con toda la mala leche del mundo). Y esto así, en resumen, porque ahondar en el tema podría llevar a un artículo completo y no lo merece.

El “golden ear” quiere hacer creer a su audiencia, pecando de excesiva vehemencia, que con su oído tan perfeccionado y exquisito, puede llegar a discernir matices en el sonido que un ser normal sería incapaz por no tener lo que ellos llaman… ¿entrenamiento auditivo?

Cualquier persona sin discapacidad auditiva puede oír lo que ellos oyen, pero sólo aquellos con formación y/o experiencia pueden saber cómo interpretar lo que se escucha. Pongamos que un altavoz tiene un gran bache en torno a los 3Khz… es evidente que un oído experimentado dará cuenta del problema existente, sobre todo cuando ya conoce por donde van los tiros en una respuesta plana. Ocurriría tal que como un motor a oídos de un mecánico; sólo con escucharlo puede saber no si está en perfecto estado, pero sí deducir si tiene un problema.

La capacidad auditiva del mecánico no es diferente a la nuestra, solamente que él sabe qué es lo que acaba de escuchar.

La parte del “golden ear” se radicaliza cuando se cree fuerte y se ve seguido de un buen rebaño de semejantes, aún, más ignorantes que él. He tenido a “golden ears” en mi casa y no he podido pasármelo mejor 😉

Este personaje, visible y conocido (que no bien considerado, ojo) se deja ver en foros de audio y permanentemente es consultado sobre productos caros o denominados “Hi-End”. Llega a ser intimidatorio cuando esboza argumentos del calibre “¿no oyes eso?” (haciendo pensar al preguntado que está tonto o hipoacúsico perdido), o “¿no notas la evidente diferencia?” (en cuanto a comparaciones entre fuentes o electrónicas de cualquier índole, no digamos ya cables…).

Dicen encontrar diferencias cuando ni ellos mismos se lo creen, bueno… en los casos más graves sí llegan incluso a creérselo, basándose en su condición de señalados por el dedo del mismísimo Salvador… Danglà.

La mejor defensa contra este improperio es, cómo no, la prueba de “doble ciego” utilizando el ABX (véase la mentira nº4) que separa a aquellos que afirman escuchar algo de los que realmente lo hacen.

… Y hasta aquí llegamos con diez de las mentiras (que no únicas) clásicas en esto del audio. En realidad, no debemos criticar a la industria en sí, sino más bien a nuestro consumo desmedido en busca de santos griales que no existen. La industria sólo saca a la luz un mercado de fantasía que está demandado por el aficionado.

Título del artículo original: “The ten biggest lies in audio”, que podrás seguir pinchando aquí.

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